Silla pupitre para zurdos

No tardó en localizarla, estaba en la esquina izquierda del aula, junto a la pared, donde el brazo del zurdo o la zurda no pudiese molestar a los compañeros diestros. A diferencia de las otras sillas ésta era un modelo antiguo y estaba muy estropeada. La bandeja metálica que tenía debajo colgaba por la mitad y caían de ella unos folios arrugados sin usar. Cientos de escritos y grabados cubrían la parte del pupitre.

Te odio Ernesto, fue lo primero que leyó arriba a la derecha, y el examen cayó sobre el pupitre tapando el pequeño muro de odio, amor y reivindicación adolescentes. Ala Celta. Merry Crisis. Se regalan gatitos. Rebeca es una puta. Pensó en su Rebeca y en el diestro que escribió eso allí para que él lo leyera. En el centro del pupitre Nirvana, esmeradamente recalcado con un marcador negro. Con I´m on a plain en la cabeza completó las preguntas hasta llegar a la última, cuya fórmula era incapaz de recordar. Seguro que los gatitos ya eran gatos y tenían dueño, pensó. Abajo a la izquierda, casi en el lateral del pupitre, Ernesto encontró la ecuación.

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