Exégesis

Mientras pensaba en el tiempo  encontré este relato que escribí cuando tenía veinte años…

Instituto Nacional de Información Irrelevante para las Nuevas Generaciones (en aras de mantener el Statu Quo Espiritual). Aula 1.534. Lección magistral: “Técnicas conversacionales para alcanzar el éxito inmediato y ganarse al interlocutor” o “cómo hablar mucho sin decir nada”. Alguien legitimado:

Abran los manuales por la página 232. Leeré un ejemplo del modo en el que dos sujetos que acaban de encontrarse resuelven la situación comunicativa. Observen en el diálogo la función fática del lenguaje:
– Que día más malo se puso! no cogí el autobús que iba a pasar justo a las y diez… y mira, lo llego a saber…
– Sí, ayer en la tele ya daban lluvias para toda la semana.
–Yo que tenía que ir a hacer unos recados pero no entran ganas ni de salir de casa. ¡Qué viento! ¡Qué barbaridad!
– Pero bueno, mejor así que el sol este de verano que no te deja ni respirar
– Bueno sí, pero es que así tampoco puedes hacer mucho, mujer. Quieres salir a cualquier cosa y ¿para qué vas a salir? ¿a mojarte?
– En un mesecito es primavera y ya guardamos el paraguas por un tiempo… Bueno, yo me paro aquí.
– Yo voy al octavo.
– Venga, hasta otro día, adiós.
– Hasta luego, adiós.

Se pausa la lección magistral, el individuo más normal de la clase, indiferente para el resto, interviene para dejar constancia de que la boca no fue creada únicamente para bostezar. (Por su contenido, la exégesis del muchacho bien podría titularse “Perdone, usted a mis años ¿Qué edad tenía?”):

– Pero es que yo, señor, observo en el diálogo algo más que la función fática que usted, los libros, y otros como usted, repiten incansablemente. Una conversación sobre el tiempo es sinónimo de aburrimiento, de vacío. Si es atmosférico o deja de serlo, da lo mismo; lo importante es la interiorización del concepto en el término. El lenguaje nos lo muestra pero no nos damos cuenta. La trivialización del Tiempo Vivido ha sido y está siendo orquestada desde distintos frentes; y lo que es uno de los grandes problemas de la humanidad ociosa no es percibido sino como lo contrario: la clave de la felicidad. Sutilmente disfrazada bajo un cultismo latino, la doctrina del carpe diem nos engaña, nos despista, nos putea. No somos quienes de mirar más allá de nuestras narices, y de nuestro ombligo. Con esta mentalidad inoculada es imposible que se produzca una revolución cultural y de modus vivendi en pos de la Verdadera Felicidad. Unos, nos enseñan a ver pasar la vida sin vivirla. Otros nos cuentan que, en las postrimerías del desarrollo vital, nos es revelado el sentido de la existencia; de golpe, y en pleno declive, la consciencia de los errores cometidos… El tiempo, inexorable. Al menos, señor, es bueno saberlo a los 20 y no a los 56.

Despedida

Limpia su casa los lunes y los viernes, y siempre que entra en el salón hay uno de ellos durmiendo en el sofá. Los lunes está ella, al embajador lo encuentra los jueves sobre la parte del chaise-longue. El sofá está tapizado en piel de color beige y cuesta más dinero del que Julia ha ganado en los tres años que lleva limpiando la casa. Su forma habitual de despertarlos es encender el aspirador, entonces el uno o el otro vuelven sigilosos al cuarto matrimonial. Esta mañana los ha encontrado por primera vez a los dos durmiendo en el sofá y no se ha atrevido a encender el aspirador. Al levantarse la señora la despidió por barrer la alfombra con la escoba.

Silla pupitre para zurdos

No tardó en localizarla, estaba en la esquina izquierda del aula, junto a la pared, donde el brazo del zurdo o la zurda no pudiese molestar a los compañeros diestros. A diferencia de las otras sillas ésta era un modelo antiguo y estaba muy estropeada. La bandeja metálica que tenía debajo colgaba por la mitad y caían de ella unos folios arrugados sin usar. Cientos de escritos y grabados cubrían la parte del pupitre.

Te odio Ernesto, fue lo primero que leyó arriba a la derecha, y el examen cayó sobre el pupitre tapando el pequeño muro de odio, amor y reivindicación adolescentes. Ala Celta. Merry Crisis. Se regalan gatitos. Rebeca es una puta. Pensó en su Rebeca y en el diestro que escribió eso allí para que él lo leyera. En el centro del pupitre Nirvana, esmeradamente recalcado con un marcador negro. Con I´m on a plain en la cabeza completó las preguntas hasta llegar a la última, cuya fórmula era incapaz de recordar. Seguro que los gatitos ya eran gatos y tenían dueño, pensó. Abajo a la izquierda, casi en el lateral del pupitre, Ernesto encontró la ecuación.

Madrid, 2019. Detrás de ti hay otra dimensión

En un departamento del Ministerio de Cultura tres funcionarios esquilan los trozos de película cuyas imágenes contienen abrazos. Los diálogos en los que aparecen las preposiciones con, contra, hacia, para y tras, también son deturpados. Estos films, convertidos ahora en cortometrajes, están listos para competir en el “I Certamen de Re-creación de Cineastas Españoles”. En algunas salas de la ciudad ya se ha procedido a la proyección de las obras.

La Filmoteca Nacional obsequia a las 18:00 horas la versión mutilada de la película Angustia. Entre la veintena de asistentes, Bigas Luna disimula su identidad disfrazado de Al Capone y registra con una grabadora las reacciones del público. La máquina acomodadora ronda por el pasillo impidiendo una adecuada escucha de los diálogos, y el almacenamiento óptimo de la grabación. Desde la primera fila, algunos actores de la Compañía General preparan una performance en apoyo al director, que no sabe nada. En el bolsillo del hombre que ejercía de acomodador en el 82 – y que también se encuentra entre los espectadores- un revólver de calibre 38 aguarda expectante. Los actores lo desconocen, Bigas Luna tampoco sabe nada; y el auditorio, en su conjunto, ignora que las coca colas han sido adulteradas generosamente con pentobarbital.

En unos multicines de la ciudad, y ajena a los recortes de este certamen, se estrena – a la misma hora y por quincuagésima vez – Scream III, con un apabullante éxito sobre alfombra roja. Para incomodidad del público otros actores del gremio aderezan, en esta ocasión, una performance-boicot. El director de la película no se halla entre los presentes, las coca colas también han sido adulteradas con pentobarbital.

A las 20:00 horas, en ambas salas los espectadores yacen cadáveres en sus asientos. La causa de la muerte no está relacionada con las performances, ni con el revólver del 38, tampoco con el pentobarbital. Cuando los investigadores apuntan a la calidad de las obras proyectadas como agente responsable, en algún rincón del mundo dos personas reflexionan sobre la muerte y el asesinato del cine.

* relato escrito en 2001.

Sin causa aparente

Era hija única, huérfana, viuda desde muy joven y estéril sin causa aparente. Vivía en una enorme casa del centro de la ciudad y nunca llegó a acostumbrarse a una soledad impuesta por el destino. El día que cumplió cincuenta años decidió determinar hasta qué punto la vida le había deparado tan hermética trayectoria y empezó a recopilar anuncios que ofreciesen todo tipo de reformas de la casa: revestimiento de fachadas, tabiques, ventanas de aluminio, puertas blindadas. La obra en sí era lo de menos, con la reforma conseguiría ya no sólo darle a su refugio una apariencia distinta, sino que cubriría su soledad con varias capas de pintura, que acabarían descascarillándose con el tiempo. Entonces llegó ella. Solicitó que le pintara las nueve habitaciones de distintos colores, que cada ventana tuviese un marco rectangular negro, y en los baños rayas. Cada vez que se acercaba el final del trabajo sugería un nuevo cambio que borraba el primero, y se llegó a pintar una misma habitación hasta tres veces.  Silenciosa, discreta y obcecada en terminar su trabajo lo antes posible, la pintora era a su manera otra encarnación de la soledad que ella misma representaba.

Al fracaso de la pintura siguió el de la calefacción y los suelos. Durante el tiempo que duraron estas reformas se acomodó en un cuarto de la segunda planta sobre el que no se operó ninguna reparación. Los jóvenes que instalaron el nuevo modelo de climatización miraban a través de su cuerpo como si no existiera, y el encargado de pavimentar resultó ser un sordomudo con graves problemas de comunicación. Todavía ignoraba que tenía que destruir la casa para reducir a escombros su soledad y siguió abandonando su destino a una cuestión de probabilidades, entre otras cosas porque el juego la mantenía ocupada. A diferencia de las otras reparaciones el cambio de la instalación eléctrica tuvo consecuencias en la vida que llevaba en su cuarto. La magia de prescindir de la electricidad durante el tiempo que duraban las obras le sedujo de inmediato, así que cambió su máquina de escribir por manuscritos y se rodeó de candiles. Al anochecer, el ambiente íntimo de la casa se impregnaba de los aromas afrodisíacos de las velas y llegaron las relaciones con el electricista. Cometió la imprudencia de acostumbrarse a ello.

Fue una de las noches, casi al final de las obras, cuando presintió la oscuridad que seguiría a la marcha de su nuevo amante. La encontraron en la planta de abajo, junto al cuadro eléctrico, con claros indicios de que el incendio había sido provocado. La casa quedó destrozada pero ella resultó ilesa, igual que los manuscritos que escribió durante el periodo de reparaciones. Supo del embarazo un mes después del incidente. Tenía cincuenta y un años cuando nací yo;  sin causa aparente, no sobrevivió al parto.

Ti e máis eu

Discusión de parella, ou recital de soberbia e reproches.

Interpreta: unha parella de monicreques de luva.

EL:

Son un terabite con capacidade de almacenamento infinito,
velaquí un disquete de tres e medio cheo de merda que non soporta ningún lector.

ELA:

Son un pulpo á feira con cachelos en prato de madeira,
non unha cutre salchichiña con kétchup en bolo industrial!

EL:

O Tren de Alta Velocidade; (preséntase con reverencia ao público)

un Renfe rexional sen servicio. (sinalándoa a ela)

ELA:

que para en tódalas estacións! (replica)

EL:

Eu, impoluta camisola de liño!
Ela, merca roupa no chino…
E mexa na cama, ¡cochina!

ELA:

Leo Le Monde, ti O Faro
Toco a guitarra, ti o baixo
Son Alá, mesmo Mahoma,
ti, coma (e punto);
eu punto e coma.

EL:
Escoito a Wagner, paso de Camela,
recito poemas no Museo das verbas…

ELA:

(interrompe alarmada, ao público)
É de Gadafi! prefiro a Lula,
sémpre será guante; eu, luva.

EL:

Por ti fixen cousas que nunca creerías:
teño bebido auga nas romarías,
regateado en Padrón por unha camisa;
levén na pirola coroas de espiñas.

ELA:

Por ti fun cleptócrata e encarnada,
andiven sémpre recén duchada,
agora mira qué gran putada:
eu son nihilista e ti ¡NADA!  (berra e faino desaparecer)

Winstons, Pereiras y Enders

Sostiene LLou que eran las tres de la madrugada cuando terminó de leer la novela, y que de manera inmediata ya echó de menos a Pereira. Soñó esa noche con la Lisboa de 1938, y con un chico que no se llamaba Monteiro, pero que con toda seguridad tenía apellido italiano y bebía limonadas, sostiene. LLou también quiere hacer constar en la declaración que considera que esa añoranza del personaje no le parece significativa, ya que con frecuencia tiene que despedirse de seres ficticios, muchos de ellos extraordinarios. Sostiene que ya le aconteció algo similar con Winston, el personaje de 1984, y con Ender, y que para sentir esa nostalgia no hace falta ser una persona cultivada. Sostiene también que, mientras leía la novela, inconscientemente, varias veces intentó imaginar cuál sería su vida cotidiana cuando tuviese la edad de Pereira, y que obtuvo una imagen concreta; pero no desea revelarlo, porque Llou sabe que eso a la gente no le importa, sostiene.