El peor sueño

Eramos un grupo de cuatro: un profesor de la facultad y su mujer, mi expareja y yo. Se trataba de aguantar colgados en la fachada de un edificio haciendo posturas complicadas, como en Enredos pero en el aire. Alguien observaba desde un montículo los bonitos dibujos de nuestros cuerpos retorcidos. El juego tenía una dificultad añadida y es que no podíamos perder el equilibrio, o los boxers enfadados y hambrientos que esperaban en la calle nuestro tropiezo nos devorarían.

Mi compañero y yo ya no aguantamos más y nos caemos, pero no en la calle sino en el balcón del piso de abajo. Me resulta curioso que las caídas de los sueños no me ocasionen dolor alguno y sí lo hagan los conceptos y las imágenes. El balcón en el que caemos es el de una habitación. Entramos en el interior, en la cama hay una pareja de cuarentones con muchos fetiches sexuales. En cuanto nos miran nos poseen. A pesar de nuestra resistencia nos violan con todo tipo de objetos, al terminar matan a mi compañero de un tiro en la cabeza. LLoraba por dentro cuando me comunicaron que había sido una gran concursante, ya que todo lo sucedido se enmarcaba en un espacio televisivo en directo, que era una mezcla de Gran Hermano y el Qué apostamos.

Me marcho de la habitación y me sorprendo investigando. Además de el cuerpo de mi compañero hay otros cadáveres por las habitaciones del edificio. Soy una detective policiaca y tengo que determinar quién es el asesino. Entonces caigo en la cuenta que durante mi investigación he entrevistado a dos personas que iban vestidas de diferente manera pero que eran la misma persona. Sé que hay un complot contra mí, que debo ser parte de otro juego o película y que la organización por descuido repitió la actuación de un mismo personaje. No sé qué sucede exactamente pero me están tendiendo una trampa y  me observan desde algún sitio, quizás desde la máquina de control de este sueño. Para que no se percaten, tengo que fingir que no sé que estoy en la película policiaca y que creo que lo sucede es real en el sueño. Pero el caso es que el personaje repetido se acerca y me dice que es el director de la realidad virtual que estamos experimentando. Ahora él es el único ser real en un clima de confusión en el que no me puedo fiar de nadie porque no sé si estoy en la realidad de un sueño, en una película, en concurso o en una realidad virtual. Dialogo con el director de la realidad virtual y  me da una explicación esclarecedora de lo que está sucediendo. Mientras hablo con él me cruzo con una persona con un aura negativa, una presencia turbia que me dice que estoy ante el asesino que buscaba en la película policiaca.

En realidad se trata de una asesina, puesto que es la bruja del oeste del El Mago de Oz, de la versión cinematográfica clásica. Atravieso un puentecillo de la realidad virtual y tiro a la bruja al vacío, procediendo de la misma manera que en la película, para que se muera y acabe el sueño felizmente.

Aunque presupongo su muerte la tensión no ha terminado todavía. Sigo en la realidad virtual y para salir debo superar tres trampillas. En la primera trampilla hay unos pinchos que debo esquivar, en la segunda tengo que atravesar buceando una distancia hasta llegar al otro lado, aguantando durante un buen rato la respiración. La tercera consiste en correr en spring antes de que se baje una puerta pesada y me atrape. Supero exitosamente las tres pruebas y consigo salir de la realidad virtual. Fuera me encuentro con unos coloridos decorados de papel cartón, hay tres mujeres bailando. Percibo que acabo de entrar en un musical. Las mujeres son actrices legendarias, una de ellas es Aurora Redondo. Tengo que aprenderme la coreografía y bailarla para el número del musical. Mientras bailo giro sin parar, he dado tantas vueltas al revés que he desembocado en el pasado. Debo tener unos cinco años y llevo puesto el vestidito de frutas rosas que tanto me gustaba y con el que tengo unas fotos en un parque de Monforte.

Estoy en la cama sudando, aturdida por lo sucedido. Soy yo otra vez, en mi habitación del piso de Pontevedra, la misma que dejé antes de irme a soñar este sueño. Pero me llevo un susto de muerte cuando llaman fuertemente a la puerta de mi habitación. Entonces entiendo que no he escapado de ese sueño todavía; quienes llaman a mi puerta son los dos que nos violaron al principio, los que mataron a mi compañero de un tiro en la cabeza. Sé que van a entrar, tengo un miedo inconmensurable. Una fuerza sobrenatural ejercida por ellos a través de la puerta me arroja de la cama al suelo de la habitación. La manta viene hacia mi y me envuelve en una bola. Es todo negro y confuso, vibro un poco, grito socorro. Después de un desesperante esfuerzo por salir de la bola negra que me agita, consigo salir del que sin duda fue el peor sueño de la II Era  (voy por la III).

Soñado el 30 de abril de 2003.

Chitty Chitty Bang Bang

 
 

Doy vueltas por La Salgueira con mi último exnovio y dos amigos. Los cuatro discutimos in crescendo en grupos de dos, en una especie de concurso musical. Por equipos tenemos que reconocer cuando estamos en el punto álgido de una discusión y cuando acertamos, la canción de Chitty Chitty Bang Bang suena por la megafonía de La Salgueira y tenemos que ir corriendo a montarnos en un Seat 850 rojo que está aparcado cerca de la iglesia. La misma secuencia repetidas veces: discusión, canción y corriendo al 850.

 

En una de las llegadas al coche, arrancamos y nos vamos. Fuera nos despiden muchas personas, cada una con un gesto distinto ya que provienen de distintas culturas. Damos una vuelta a la manzana que dura unos 15 minutos; vamos a 3 por hora y siento esa lentitud. Al completar la manzana, el coche se para, baja mi último exnovio y sube en su lugar el exnovio que le precede. Los dos amigos que van detrás me preguntan sobre mis relaciones, son ahora dos desconocidos. Uno de ellos hace un speech sobre la potencialidad de grupos como Kanon, Dismal y Sober en el panorama musical actual. No me interesa nada la conversación así que me bajo del coche.

Me siguen al lado con la primera marcha puesta mientras camino. Insisto en que prefiero ir andando aunque no sé el destino, porque lo importante es el camino; ya los encontraré en alguna parte. Me voy alejando de La Salgueira, y me apetece muchísimo un helado de chocolate. Tanto lo deseo que aparece en mis manos un helado con forma de hamburguesa, pero estoy indignada porque la mitad es de nata y además es demasiado pequeño. Maldigo la nata y me como con muchas ansias el chocolate mientras camino, escupiendo la nata cuando aparece.

Se me presenta un cruce de caminos, inexistente en La Salgueira de siempre. Me detengo para limpiarme el chocolate de la boca mientras reflexiono sobre qué dirección tomar. Cogo el camino de la derecha y oigo el motor del 850 que se acerca. En la lejanía escucho también el Chitty Chitty Bang Bang. Me pregunto quién vendrá ahora conduciendo. Y ¿por qué he cogido el camino que me lleva al colegio?
                                                                                                                                                                         6 de mayo de 2003

 

 
 

 

Apocalipsis en forma de Zeppelin

Desayuno sola en una cafetería de Moaña que produce muchos churros. Se ocupan de ello una señora y su hija, que cierran la puerta del local conmigo dentro. Las dos mujeres se acercan a la mesa donde tomo café y me dan una muy mala noticia. Reacciono arrojando una tostada con mermelada por la ventana, que cae en el piso de arriba generando múltiples destrozos.

Madre e hija siguen produciendo churros, ahora con miradas acechantes. Subo al piso de arriba a comprobar los desperfectos; efectivamente está todo destrozado. Eludiendo mi responsabilidad cojo carrerilla y me tiro por la ventana y voy a caer a la Carretera Provincial de Vigo.

Un grupo de personas se dirige a un acto cultural, así que me uno a ellos. De camino, mientras conversamos, vemos pasar un zeppelin rojo y blanco de cartón, con forma de misil gigante, que se estrella en la fachada de un edificio sin ventanas. No es ninguna desgracia ya que el zeppelin es de cartón, pero el acto tiene la misma apariencia que el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, así que nos echamos a correr porque el acto en sí nos parece un símbolo de catástrofe y nos impone sobremanera. Una atmósfera apocalíptica envuelve ahora la Carretera Provincial. Ya no hay nadie, sólo ruinas.

25 de abril de 2003

El padre de Daniel El travieso

 

El padre de Daniel El travieso –muy serio y formal- tiene una aventura con una mujer, y su verdadera esposa –una señora de unos 40 años, que es Julianne Moore- lo descubre en un casino. Por la noche, en el monte del Castro (Vigo), El padre de Daniel El travieso folla en el coche con su amante, y cuando lo hace se vuelve una masa gris omnipotente separada del cuerpo al que folla.

Aparece entonces corriendo su hijo (que se llama Antón, no Daniel), que tiene mucho miedo. Julianne Moore, que ahora soy yo (la madre de Antón), repara en que se habían olvidado de su hijo, por lo que rápidamente coge al niño y lo mete en el coche. Salen huyendo porque hay una bandada de vehículos que van deliberadamente lentos para provocar accidentes, y cada vez que hay coche detrás amenazante conduciendo lento, Antón-Daniel vomita por la ventanilla.

Desde el coche vemos unas tumbas en ruinas; El padre de Daniel El travieso interpreta en una de ellas que a la A le falta un trazo; se asusta porque cree que es una metáfora de que no hay esperanza alguna para la anarquía. Empiezo a cuestionarle; hasta qué punto puede considerarse anarquista él, que está dentro de una serie de dibujos de TV.

Por una calle adoquinada, de noche, El padre de Daniel El travieso y su hijo Antón siguen a una muchedumbre. Es una especie de despedida porque los niños, por motivos de guerra y hambruna, se tienen que separar de sus padres. Yo también estoy. Le damos las indicaciones a Antón-Daniel de que se tiene que unir a un grupo de niños que lleve una torre de plástico hecha con barras de pan, que debe contarlas y agregarse a una donde haya barra para él. Lo dejamos allí.

El padre de Daniel El travieso y yo nos vamos por una calle en la que hay tres gitanos. Tienen tres potrillos y me dicen que, inexorablemente, en esa situación las mujeres tienen que irse con un hombre y su caballo, y que tengo que elegir a uno de los tres. El padre de Daniel El travieso me mira. Yo no sé, no contesto. Ya no soy Julianne Moore, y tienen todos tan mala pinta…

Estamos ahora en un hotel, hay mucha gente a la que han dado de hostias y se apilan todos heridos a montones en dos habitaciones. En una de las habitaciones, un tío mío (cuando era joven) lanza unos palillos punzantes sobre el corazón de la amante del padre de Daniel El travieso, que resulto ser yo y me muero. La venganza de los presentes –los heridos- les lleva a matarlo a él, lanzándole infinidad de flechitas, muriendo éste en el acto.

Una noche de otoño de 2005