Medicina radiofónica

Escuché Paroxetina cuando cogía la rotonda. La palabra, diariamente familiar en mi frasco, me hizo permanecer a la escucha, sintiéndome como quien lo hace con un vaso detrás de una puerta. Di el giro muy bruscamente y mientras subía el volumen de la radio salía por el carril contrario, sabiendo que no había coches.

La señora, tenía la voz entrecortada, angustiada, pedía tratamiento para superar sus trastornos de ansiedad. Tomaba paroxetina y ansiolíticos, pero no le solucionaban su problema. El doctor Pérez Campos, toda una institución en la medicina radiofónica, expendía recetas generosamente, y era muy resolutivo para los pocos minutos que duraba cada consulta. A su favor diré que eran todas recetas de herbolario.

La señora pedía productos -muchos, distintos- para poder salir a la calle sin angustia. El doctor pensaba un poquito y soltaba.

–          Creo que le va a ir bien el Ezov.

–          ¿Cómo dice que se llama?

–          Ezov. E-Z-O-V, es muy bueno para eliminar los traumas que le han acompañado durante toda su vida. ¿Sabía usted que el riñón es el órgano de la angustia?

–          No.

–          Pues hay que depurar el riñón para eliminar la angustia.

Un colaborador interrumpe para hacer un inciso:

– Señora, sabe usted que la gente dice que sueña en blanco y negro, pues yo tomé Ezov y empecé a soñar en color, mucho más entretenido.

El doctor continúa, haciendo caso omiso a su colega. 

–          El Ezov, lo toma en gotas, por la noche, así se depura mientras duerme. Y luego el Neuroestress, que ya lo conoce, lo toma varias veces al día.

–          ¿Y eso es compatible con la medicación que estoy tomando?

–          Es todo compatible.

–          ¿Incompatible?

–          Compatible, compatible, sin  el IN. Quince gotas por la noche de Ezov, tres comprimidos al día de neuroestress, siga tomando la medicación y…

–          Y la mantibia ¿me será buena? me hablaron de la mantibia…

–          La mantibia es como el Neuroestress, puede tomarla también pero no le hará mucho más. Tómela al mediodía, y las hierbas que le dije al principio tómelas al desayuno. Las gotas de Ezov las baja a diez al primer mes, y en dos meses nos vuelve  a llamar para ver cómo evoluciona.

–          Muchas gracias doctor, es una persona maravillosa, no sé qué haríamos sin usted.

–          Gracias a usted señora. Ahora la tenemos que dejar que hay otra llamada esperando.

El siguiente es un señor de unos sesenta años, trabajador de un astillero, dice tener una enfermedad muy compleja en el peroné, de unas ocho palabras; se había caído en un barco. Al doctor no se le ocurre otra cosa que ponerse a reír a carcajadas imaginando el resbalón, pensando que se había caído al mar. La conversación del médico apunta a la torpeza del señor, haciéndole preguntas sobre una supuesta aparatosa caída con la deliberada intención de provocar las risas de los tertulianos que le acompañaban en su consulta radiomédica. Eran las 14.50 en Ames, el paciente estaba perplejo y el dial marcaba el 102 punto algo.