Veraneo en la Edad Media

Acabo de regresar a casa después de vivir un año en Cuba, donde he tenido la fortuna de trabajar en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños. Durante mi estancia en la EICTV he visto una media de dos filmes al día, lo que significa unas 500 películas en los últimos diez meses. Buena parte de ellas eran históricas.

Cuando tenía veinte años miraba mucho más al futuro que al pasado. La curiosidad, el deseo de encontrar nuevos modelos de sociedades o de advertir a qué peligros quedaba expuesta la evolución,  me remitían una y otra vez a la ciencia ficción, y vivía en otros mundos gracias  a las creaciones de Philip K. Dick, George Orwell, Aldous Huxley, Stanislaw Lem, Arthur C. Clarke, Olaf Stapledon o Isaac Asimov.

En los últimos meses me sorprendo siempre viviendo siglos atrás. Este verano estoy en la Edad Media, a través del best-seller Los Pilares de la Tierra de Ken Follet. Soy consciente de que me paso la vida dando saltos al pasado o al futuro, evocando un sinfín de escenarios posibles. Viajo en el tiempo para comparar el presente, tanto con las pesadillas futuristas como con la Santa Inquisición. Hoy doy las gracias a los historiadores y a los creadores, sin su trabajo qué difícil sería valorar en qué nos hemos equivocado como sociedad y en qué no podemos errar.

Winstons, Pereiras y Enders

Sostiene LLou que eran las tres de la madrugada cuando terminó de leer la novela, y que de manera inmediata ya echó de menos a Pereira. Soñó esa noche con la Lisboa de 1938, y con un chico que no se llamaba Monteiro, pero que con toda seguridad tenía apellido italiano y bebía limonadas, sostiene. LLou también quiere hacer constar en la declaración que considera que esa añoranza del personaje no le parece significativa, ya que con frecuencia tiene que despedirse de seres ficticios, muchos de ellos extraordinarios. Sostiene que ya le aconteció algo similar con Winston, el personaje de 1984, y con Ender, y que para sentir esa nostalgia no hace falta ser una persona cultivada. Sostiene también que, mientras leía la novela, inconscientemente, varias veces intentó imaginar cuál sería su vida cotidiana cuando tuviese la edad de Pereira, y que obtuvo una imagen concreta; pero no desea revelarlo, porque Llou sabe que eso a la gente no le importa, sostiene.