Recuerdo

Recuerdo el estuche verde que me robó mi amiga Margarita cuando tenía cuatro años. Lo bonito y completo que era, y que Margarita pronunciaba las eses como zetaz. Recuerdo también el feo estuche marrón que sustituyó al verde y que no tenía tantoz lapicez.

Recuerdo a Doña Mari Carmen, la profesora de la guardería, afilándonos los lápices manualmente con una cuchilla de un sacapuntas, que envolvía en papel de periódico para no cortarse.

Recuerdo sonarme los mocos con servilletas de tela de las mantelerías de casa, porque no entendía la diferencia entre un pañuelo y una servilleta.

Recuerdo beber de una botella de gaseosa y escupir aguardiente.

Recuerdo que la vecina de arriba recibía llamadas en mi casa porque ella no tenía teléfono.

Recuerdo.

Recuerdo los chuchameles que cogíamos en la extensa finca de la señora Concha.

Recuerdo pasar por debajo de la barra del autobús, porque los niños no pagábamos billete.

Recuerdo el puzzle de Los pitufos que había colgado en el bodegón de Onésimo, junto a un calendario de Samantha Fox.

Recuerdo meter la mano en el buzón de la Caja de Ahorros de la Gran Vía y que empezó a sonar una alarma.

Recuerdo.

Recuerdo cómo me quitaban los piojos en la galería, con una toalla blanca.

Recuerdo que el portal de nuestro bloque no tenía puerta y las escaleras daban directamente a la calle.

Recuerdo a mi madre tumbada en la cama porque le habían hecho una ligadura.

Recuerdo la mañana que mi tía me llevó a una entrevista de trabajo, y meé en el rellano de la sala de espera porque no aguantaba más.

Recuerdo ir a buscar el Ducados de mi padre al bar de abajo, con 65 pesetas en la mano.

Recuerdo que el padre de mi mejor amiga nos sacó de la guardería y nos llevó a Samil, donde me bañé con mis bragas de perlé blanco.

Recuerdo que odiaba los días que en el comedor del colegio había caldo gallego de primer plato y empanada de bonito de segundo.

Recuerdo el momento en el que mi tía me dijo que fuera corriendo a avisar a mi padre porque mi tío Rique había muerto.

Recuerdo la revista TP en casa de mi abuela, y adivinar quién era el famoso de la portada que se vestía de Papa Noel cada navidad.

Recuerdo los ojos grises de mi abuelo Saro.

A los gitanos robándome la compra cuando salía de la tienda.

Recuerdo que me perdí en El Corte Inglés y me expusieron en lo alto de una escalera metálica para que mi madre me encontrase.

Recuerdo también confesar mis hurtos de chucherías a Don Carlos antes de la misa de las 12.

Recuerdo.